sábado 19 de abril de 2008

Reencuentro / último adiós

Se encontraba en la azotea del edificio más alto que conocía, su corazón latía más rápido que nunca y decidió leer por última vez la carta que había escrito hace un par de horas. Terminó de leer la última frase que decía “te ama, Cristóbal”, la dobló y volvió a guardarla en su bolsillo. El corazón le latió más rápido aún.

*

Era una lluviosa tarde de invierno, Cristóbal se encontraba en un café, leyendo el diario como de costumbre. Al oír el sonido que hace la campanita de la puerta cuando alguien entra, bajó el diario para ver quien era. Ahí estaba ella, a la que hace algunos años atrás había perdido por sus estupideces. Traía el pelo igual que antes y sus ojos brillaban igual que siempre.

¡Antonia! – gritó él.
¡Cristóbal! Tanto tiempo – le respondió.
Y se largaron a hablar por un largo rato. Recordaron los viejos tiempos, pero nunca tocaron el tema por el cual habían dejado de hablar.

Cristóbal se dio cuenta de que aún la amaba, y ahí la tenía, más cerca que hace mucho tiempo. Le preguntó si salía con alguien y ella le confesó que nunca había logrado olvidarla. Se sintió esperanzado, pero antes de que su felicidad durara por mucho tiempo Antonia dijo: “pero creo que no nacimos para estar juntos. Fue lindo volver a verte, pero debo irme. Me iré lejos, muy lejos para que no nos volvamos a encontrar. Es muy triste para mi también, pero siento que es lo que tiene que pasar”.
Se paró, sacó un papel y escribió algo. Le dijo que si alguna vez quería mandarle algo lo hiciera a esa dirección, la casa de sus padres. Lo miró a los ojos, lo besó y se fue corriendo, sin tiempo para que Cristóbal pudiera decir algo.

En ese momento él se dio cuenta de que la había perdido para siempre y de que no servía seguir viviendo si no era con ella.
Agradecido, ya que por lo menos tenía la dirección de los padres de Antonia, sacó un papel y empezó a escribirle una carta. Ahí estaba todo lo que siempre había querido decir y era ella quien debía saberlo. Dobló el papel y escribió la dirección.

Pagó el café y las galletas y emprendió rumbo a una caminata bajo la lluvia.

Cuando llegó había dejado de llover. La carta se encontraba en su bolsillo y él la apretaba contra sí con dulzura. Estaba decidido.
Miró el cielo que de apoco se despejaba, dio un paso y saltó.

*

“Te ama, Cristóbal” – se leía en los labios de Antonia – y las ganas de nunca haber salido corriendo era lo único que sentía en ese momento.

3 canción(es):

Computadores dijo...

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Anónimo dijo...

plageo

ferwa dijo...

Anónimo dijo...
plageo

16 de mayo de 2008 19:56



que pena. lo hice en clases con todita mi imaginación. esque verdad que tengo tan buena memoria que puedo leer algo y redactarlo igual en clases donde todos me estan viendo y nopuedo copiar. pf, pa la otra da el nombre